Ocaso

Soberanos aquellos que olvidan su pasado y no les importa repetirlo. Soberanos de sus actos. Soberanos de las consecuencias. Soberanos de sus decisiones. Soberanos de su destino. Soberanos de su final. Partícipes todos del caos que subyace de las decisiones de dos o tres personas, que, incapaces de comprender el mundo más allá de sus fronteras, disponen del terreno ajeno como si fuese el patio de su casa. El caos que retumba en el ocaso de una civilización antaño encomiable.

Somos la pena del niño de teta que llora y llora ante el espejo del terror. Somos la lagrima de la madre impotente. Somos la sonrisa de la niña que ha pedido su juguete. Somos el juguete que se ha perdido en el barro. Somos demasiadas cosas sin llegar a ser nunca nosotros mismos, quizás porque pasamos por este mundo intentando no causar demasiado dolor aunque causemos más del necesario. El dolor… el dolor es como la compañía imprecisa en un camino inacabado, viene a nuestro lado aunque no podamos verlo. Nos lo causan o lo causamos. Dolor es el nombre de la vida y la vida es en nombre del dolor.

¿Quiénes atentan contra nosotros? No somos del todo conscientes del momento que estamos viviendo, cambiante y determinante. El mundo está en estos instantes en uno de sus mayores giros geopolíticos y energéticos que recordarán muchísimas generaciones, y las nuestras lo están viviendo. Los libros de historia tratarán estos años como una nueva revolución humana, obviamente no tengo ni la menor idea de si podremos salir mejor o peor. Intento ser optimista y mantener el brillo en mi corazón, pero como nuestros antepasados en aquel duro comienzo de siglo XX, no puedo observar con claridad ni luz el futuro que viene. Habrá ganadores y perdedores, pues en no deja de ser verdad que en esas décadas “felices”, hubo naciones aún sumidas en la oscuridad. Quizás en esta ocasión no nos toque a nosotros, pero no por eso deja de ser menos desolador.

Estamos viviendo el ocaso de una época y asistiendo al nacimiento de otra, en nuestras manos (por pequeños que sean los gestos) está que el porvenir sea mejor de lo que dejamos atrás… que en muchos aspectos no debería de ser muy difícil. En otros será muy complicado y exigirá muchísimo trabajo, dedicación y esfuerzo. Porque al final del día, todos o al menos casi todos, anhelamos dejar un mundo mejor del que recibimos a nuestros hijos.

No podemos desfallecer, pues el mundo sigue estando en nuestras manos.

Un comentario

  1. Estamos en el fin de todo

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