Peronizando España

CIS, CESIC, CNMC, CNI o el INE. Parece ser que la mano negra y larga de este gobierno no tiene fin y se ha propuesto corromper toda institución del estado antes de que acabe el verano. Cada ente analítico y estadístico, comisión o agencia, poco importa el nombre o campo en el que trabajen, van a por ella como Atila espada en mano gritando como energúmenos. Imagino que el fin no es otro que controlar todo lo que puedan del relato, previendo lo que se nos viene encima, el problema es que el relato no lo puedes controlar tanto en estos tiempos como tú pudieses pensar, máxime cuando la información aun circula con cierta libertad por la red y la única forma no deja de ser capar Internet. Y topamos con un problema gordo, el problema de la confianza en las instituciones, pues no cabe duda de que esa percepción en la población ha ido minándose con el tiempo, segregando más a sus defensores y apartando más al extremo a sus detractores. El panorama es desolador, y parece ser que nos hemos olvidado que para que el crecimiento y la calidad democrática de un país sean sólidos a largo plazo, deben existir unos estándares institucionales que generen la suficiente confianza. Dentro y fuera del país.

Hoy en España eso se ha roto.

Es imposible que un país pueda llegar a desarrollar todo su potencial económico si no consigue imponer unas pautas fuertes y solventes en todas las instituciones de gobierno y control de la corrupción. Porque, a fin de cuentas, esa confianza generada, da alas a las mentes innovadoras a continuar por ese camino; lanzarte a tomar caminos más difíciles sabedor de que tienes un paraguas institucional y democrático independiente, que te servirá de red ante abusos perpetrados por otros individuos y empresas. O la propia administración.

CNMV, RTVE, I.C (Cervantes), SEPI, Correos, C.T (Transparencia), Fiscalía… Se añaden a la lista con la que empecé este artículo. Instituciones sobre las que ya se ha perpetrado el abuso, instalando en sus cimas a comisarios políticos o amigos de infancia a los que dar un sueldo vitalicio, aunque arruinen la empresa pública en cuestión (Correos). Y esas a bote pronto, porque en proceso de desmantelamiento tenemos el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Y a esto yo lo empezaría a llamar Estado Fallido, o al menos sí que nos dirigimos inexorablemente hacia esa meta. Conducimos sin manos y con los ojos tapados permitiendo que este piloto automático enajenado e instalado en un sillón inmerecido, nos guíe a la vil ruina sin vuelta atrás. Peronizamos España con el único fin de crear una red clientelar estatal que ancle en el poder a unos facinerosos incapaces que han metido el país en un pozo del que no va a salir en una generación. Porque no se coloniza. Las instituciones se desestabilizan. Las Administraciones son las que están controlando cada aspecto de nuestra vida, cada vez con menos control sobre su poder. Los cambios de nombres no son suficientes, quieren más. Y llegados a este punto, creo que el ciudadano no es consciente aun del daño.

Repetimos los pasos de Argentina ante un pueblo sometido, dormido y en babia. Mientras tanto, la oposición a verlas venir.

España ha decidido no ser un país puntero, tan siquiera un país de segundo orden en el teatro geopolítico global. España ha optado por el ninguneo incesante a sí misma, por ponerse zancadillas cada vez que ha tenido un breve atisbo de renacer o resurgimiento económico y social. España ha optado por ser un país subvencionado, pedigüeño y sin más futuro que ser la discoteca low cost del resto de Europa. España ha decidido ser segundo mundo y dar pasos de alumno aventajado hacia ese último pupitre de la clase que nos convierta en el alumno inútil que tan solo sabe molestar y tiene como único objetivo, que los demás no aprendan. Y somos felices en esa situación, somos felices porque al final es lo que la gente vota. Es lo que la gente pone en el poder. Es lo que la gente reclama en un país en el que el mayor sueño que tiene la juventud es poder trabajar para el Estado. Y repletos de funcionarios con unas cuentas públicas que tiemblan solo con mirarlas, España ha puesto la directa hacia una argentinización que algunos vieron venir hace décadas, pero otros han buscado con ansia y entrega. Ya la tenemos ahí. El siguiente paso es el caos, y del caos puede salir cualquier cosa.

Suerte.

Imagen cortesía de Pexels.

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