Olvidarse de vivir

¿Por qué vives? ¿Por qué respiras? ¿Por qué abres los ojos todas las mañanas? Por qué lo haces, si parece mejor opción dejarlos cerrados una noche y no volver a abrirlos nunca más.

Además, sería mucho más sencillo.

Existimos como zombis y nos han hecho olvidarnos del verdadero objetivo de estar aquí: que no es otro que vivir. Nos han convencido de que la vida es tan solo producir, el único objetivo de alimentar el materialismo insaciable que alimenta la caldera financiera, dejando de lado la vida en sí misma. Existes para otros, y no vives para ti mismo.

Nos hemos olvidado de lo hermoso que es el mundo que nos rodea, mientras nos pudrimos esperando la muerte en unas selvas de cemento impersonales y hacinados en pisos colmena como ganado en el matadero. Hemos abandonado toda esperanza, sustituyéndola por el ansia hacia cosas que no necesitamos, aunque os repiten que sin ellas no podemos vivir. Pensamos que tener por tener llenara ese vacío que llevamos dentro, y parece que no somos conscientes de que ese vacío tan solo crece día a día a pesar del acaparamiento de objetos innecesarios. Del presuntuoso hecho de que tener algo “mejor”, nos hace mejores. 

Mejores que quién o qué, a quien le importa en realidad qué es mejor, si eso que supuestamente te hace mejor no es más que un triste hecho pasajero que no ha conseguido nada salvo vaciar tu cuenta corriente, hipotecar tu futuro y aumentar el agujero de tu triste alma. 

Si mañana todo se derrumba, no tienes nada. Números que se mueven sin dirección, cifras aleatorias que te etiquetan como pobre o rico. No tienes nada, salvo unas pocas cartas marcadas con las que crees jugar con ventaja. Querido amigo, el casino no es tuyo.

Que viva lo simple. La simpleza de observar a un niño sonreír, a un animal relajarse a tu lado, o correr libre por el campo; el susurro de un arroyo fluyendo en un bosque repleto de vida. Todo eso ha sido sustituido por el sin sentido de una existencia arrodillada al esclavismo material, haciéndote pensar que lo simple por el mero hecho de “estar ahí” no merece tu atención.

Creo que vivir no es tener más que el vecino. Pienso que vivir es ser consciente de que el mundo que te rodea es tuyo, lo tienes ahí, y puedes cogerlo y tocarlo cuando quieras. Puedes disfrutarlo, aunque te repitan que no es así. Puedes hacerlo, porque es tu derecho. Tuyo, de nacimiento. Puedes incluso verlo a través de las interminables columnas de hormigón que te enjaulan, porque siempre prevalece. Prevalece ante nuestra mera existencia, recordándonos por qué vivimos.

La vida es algo precioso y maravilloso, un don que no entendemos y hemos dejado de disfrutar.

La vida es esa brizna de hierba creciendo mientras caminas, abriéndose paso en una acera resquebrajada incapaz de retenerla. 

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