Los últimos, pero los más listos

Ser los mejores en ser los peores. Parece que desde que se empezaron a ir levantando las medidas concernientes a la pandemia a lo largo y ancho de Europa, la administración española refleja la idea de ser la única empeñada en ser los últimos en regresar a una normalidad total dentro de su territorio. Y si bien muchas personas se amparan en una normativa relativamente laxa respecto a las mascarillas para justificar cualquier otro retraso, no está de más recordarles que España sigue manteniendo su obligatoriedad en el transporte público, residencias, centros socio sanitarios y en el caso de empresas (como supermercados), sus departamentos de riesgos se han pasado el Real Decreto por donde amargan los pepinos y mantienen su uso. Siempre mediante chantaje y coacción, con la siempre dispuesta colaboración del sindicato de turno.

Se acerca el verano, con el verano entramos en un año difícil pero que a pesar de todo, la gente deja entender que tiene ganas de moverse y gastar el poco dinero que tienen en volver a vivir. Les han arrebatado dos años de sus vidas, y no me cabe la menor duda de que la mayor parte de las personas ansían un verano repleto de alegrías el cual sirva para atesorar nuevos y bonitos recuerdos. El primer año post pandemia. Por supuesto, la administración española prefiere mantener una prudencia acientífica, privando a los que deseen entrar a territorio español de las facilidades que sí dispondrán los turistas que quieran ir a Grecia, Italia, Francia o cualquier otro país de nuestro alrededor. En un ambiente de crisis económica, donde todo impulso es poco, el gobierno ha decidido que podemos prescindir del verano y la campaña turística, impidiendo entrar de forma normal a todo aquel que desee hacerlo. Por ende, sin test negativo seguirás sin poder entrar en territorio español. Pero al mismo tiempo, se lanzarán campañas para atraer a los turistas, que entre un país al que pueden entrar libremente con DNI o pasaporte, optarán (siempre en la mente de nuestros gloriosos dirigentes) en elegir uno en el que tienes que enseñar un plástico con una línea roja para poder cruzar su frontera. Porque la ciencia tiene caminos insondables, y no me cabe duda de la utilidad de una medida tan básica como el test negativo a la hora de frenar una pandemia que no existe. ¿Explicaciones?, nadie te explicará la utilidad de esta medida, porque en realidad saben que no la tiene.

Simplemente se defiende contra viento y marea, porque ‘es la ley’.

Cómo la mascarilla en el transporte público, ‘es la ley’ y tienes que cumplirla. También es la ley ir a 30 por la ciudad y no sobrepasar los 120 en autopista. Me gustaría saber si tú, amigo empeñado en ‘cumplir la ley’, cumples esas dos. Porque también está prohibido aparcar en doble fila, y no dejo de ver vehículos incumpliendo dicha normativa. Pero supongo que todos estos incumplidores, tienen a bien señalar al que no lleva bien ajustado su bozal en un ambulatorio o el metro, porque ‘es la ley’. Me imagino que hay leyes y leyes.

Vamos a mantener las prohibiciones de entrada en el comienzo de una campaña turística crucial para la recuperación, pero lo haremos porque somos los más listos de la clase. Henchidos de orgullo patrio, nos mantendremos firmes en unas medidas que se han demostrado inútiles útiles en cada lapso de la pandemia, controlando las olas una detrás de otra e impidiendo que el virus se propagase por el territorio nacional. Porque, a ser los más listos, no nos gana nadie, ni siquiera el covid. Me imagino a la ministra Darías en el Consejo de Ministros entrando en plan WWE, marcando paquete con música atronadora y haciendo muecas sobreactuadas. Porque oye, tenemos una política circense y nos dan una política circense. Y ahora, cuando veáis campañas de proturismo este verano, pensad en que se está impidiendo la entrada de esas mismas personas a las que se llama a venir, a sabiendas, desde un gobierno que está más perdido que un pirata en parkilandia.

Porque, demonios, que listos somos.

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