Los felices años 90

En la Asturias de los 90 en la que me crie, los niños espiábamos fascinados a unos hombres que calentaban una cuchara con un mechero, y luego se inyectaban. Y en mi colegio tuvieron que hacer más altas las vallas, para que dejaran de saltárselas, porque luego encontrábamos jeringuillas y condones usados por todo el patio. Cuando salía de casa para ir al colegio, lo habitual era encontrarme dos o tres drogatas en el portal y cuando tenían el mono, se dedicaban a darle patadas a nuestra puerta. La reventaron por abajo y tuvimos que ponerle un refuerzo de madera. No había dinero para una nueva, porque es lo que tiene cuando debes decidir entre eso, o comer. 

La preciosa España de los 90 era pasear por el parque más importante de la ciudad, y encontrarte un heroinómano muerto en un banco, o un par de ellos peleándose a navajazo limpio a las 4 de la tarde, mientras el sol silueteaba sus cuerpos en el pavimento. Y si tenías suerte, lo otro era la navaja en tu cuello para darte el palo, y digo suerte porque no fuese la jeringuilla con lo que te amenazasen. Lo hermoso que era no poder ir a ciertas zonas de la ciudad donde vivías, porque igual acababas con un pinchazo en el abdomen. Barrios que hoy se consideran normales, eran nidos de drogatas, atracadores de tres al cuarto, camellos y parias que no discernían nada más allá del vicio que los esclavizó en los 80. 

Las radios de coche retraíbles para poder llevarlas por la calle e ir escuchando música mientras caminabas, ¿o no eran para eso? No, creo que no. Más bien para no despertarte por la mañana para ir a trabajar, y encontrarte el coche con la ventanilla reventada. ETA matando a todo lo que se movía, secuestrando y reventando coches. Y no por las radios. Peleas entre grupos ultras en varias ciudades, y bandas se balcánicos que huían de la guerra y encontraban en la piel de toro un lugar perfecto para delinquir a sus anchas. La guerra los traumatizaba. Casas de pueblos cerradas a cal y canto por los bandarras kosovares que se dedicaban a viajar de aldea en aldea buscando radios. ¿O no?, creo que no. 

Igual esto no lo viví en primera persona, y fue una creación de la Matrix. De todos modos, no me cuentes historias de los felices 90, porque fueron una auténtica y verdadera porquería en muchísimos sentidos 

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