Habitación con vistas

Hemos conseguido la primera línea de playa. El horizonte asoma por el hueco que permiten las cortinas que cubren la puerta del balcón, mientras que los rayos de sol penetran dibujando un dodecágono en la pared frontal, donde tenemos una inmensa cama tamaño familiar para tumbarnos y dejar el tiempo transcurrir sin demasiado estrés. Abajo, sube el barullo formando notas discordantes de las fiestas incesantes que montan los vecinos. La música resuena en un inmenso eco al que se añade la algarabía proveniente de algunas de las habitaciones. Que bien se lo pasan. Nosotros, mientras tanto, nos asomamos tímidamente al balcón desperezándonos y abriendo la boca en un eterno bostezo que parece no tener fin. Ante nosotros se abre la inmensidad de edificios colindantes, piscinas y no muy lejos, el océano inmisericorde que se posiciona ante nosotros como el emperador de un mundo decadente. Y no muy lejos, confundido entre la bruma del fin de los días, el bravo océano se levanta en armas amenazando con llevarse todo por delante en su camino hacia la eternidad.

Y abajo, la música sigue sonando. Los bailes y carcajadas de lo ajeno, se funden con el ambiente festivo de una vida destinada a cambiar de manera abrupta.

Un comentario

  1. ¡Me ha encantado! Sobretodo, cómo lo transmites. Me parece tener la sensación de que me trasporta hasta esa habitación y lo que pasa tanto dentro, como fuera de ella. ¡Bravo! 👏🏼👏🏼

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