Ese miedo que sientes, se llama esperanza

Llevo días viendo gráficas terroríficas respecto al inexistente relevo generacional, ya no solo a nivel español, que es una pirámide invertida, sino en todo el mundo. Gráficas que me dejan claras dos cosas: me aterra por el futuro irreversible (pues ya es presente para nosotros) que nos está enseñando a nivel social, pero, por otro lado, es el fin de un sistema que se ha sustentado devorando generaciones para alimentar una maquinaria cruenta e insaciable, bajo la falsa bandera de la solidaridad intergeneracional.

Todo cambio conlleva caos, pero en el caos es donde la naturaleza encuentra el orden.

Cuando no existan más generaciones que exprimir, ¿qué harán? Todo este castillo de naipes se vendrá abajo inexorablemente. Y entiendo el miedo que podáis tener algunos, pero no entiendo el pesimismo absolutista que reina entre tanta gente. Cuando lo viejo muere, nace otra cosa. Cosa que no tiene por qué ser peor ni mala, simplemente distinta. Aunque nos repitan que todo va a peor, la única verdad de todo es que lleva siendo “peor” muchísimos años. 

Esta ola de absolutismo y barrido de derechos que nos invade desde hace un tiempo, no es más que el moribundo agitándose antes de morir ahogado con su propia saliva. Pero morirá porque está agotado, no da más de sí. Tendemos a pensar que el sistema capitalista extractivo va a durar hasta que el mundo deje de ser mundo, pero se finiquitará como lo han hecho otros antes y durante, y lo harán otros después de esos otros. Lo único que perdurará será el ansia del ser humano por prosperar. Lo pensamos por qué nos da miedo el futuro, no pasa nada por reconocerlo. Nos da miedo la incertidumbre.

En el fondo, incluso al mayor antisistema, le da miedo que el sistema se venga abajo. Ya sea porque su lucha es algo vacío, pero es incapaz de reconocerlo; o porque sin un “enemigo” su propia vida sería algo insustancial. 

Los sistemas mueren porque son ineficaces a la hora de otorgar el mayor facto por el que deben existir: el bien de la sociedad, permitiendo la individualidad. Todos acaban corrompidos, porque todos acaban en manos de corruptos que pelean entre sí por el beneficio individual y la avaricia, sacrificando en el proceso todo lo bueno del ser humano. 

Anteponemos la prontitud y el incipiente presente nos devora.

Respecto a la realidad que vivimos, la única verdad tangible y probable es que este sistema se ha basado principalmente en el proteccionismo estatal más salvaje que se ha visto, disfrazado muy bien de un liberalismo económico que en realidad nunca ha existido. ¿Qué liberalismo purista existe en un monopolio promocionado desde el propio poder establecido? Pero es el éxito del marketing: venderte algo que no existe y/o no necesitas. Y ha soportado estoico durante décadas (siglos, si contamos las mutaciones) hasta que las democracias liberales han dejado de poder sostener esa hegemonía económica vía proteccionismo estatalizado y subvención con inyecciones de dinero público a punta pala, aprovechando siempre la ventaja mediante la capacidad extractiva que le ha otorgado el monopolio del poder militar y financiero. 

Pero todo ha sido un artificio que ya no da más de sí. 

El mundo, cierto mundo, se quema mientras otros países, bajo sistemas teóricamente distintos, pero en su base exactamente iguales, quieren ahora su parte del pastel y luchan con todo lo que creen tener por llevarse el balón a su casa. Pero tampoco ellos podrán estirar el chicle mucho más, porque esos sistemas, supuestamente distintos, se sustentan en las mismas bases de nuestro occidente moribundo. 

No rasquéis demasiado, pues en el fondo siempre acabaréis viendo a los mismos, y el mismo objetivo.

Entiendo que nos neguemos a morir, pero no morimos nosotros, muere el sistema en el cual cada día malvivimos más, a pesar de tener que bienvivir muchos más. Tenemos que dejar de pensar que cualquier cosa que sustituya lo que tenemos va a ser peor, porque no tiene por qué ser así. Al final solamente dejamos que grite nuestro miedo primigenio a lo desconocido, pero tiene bemoles que hable ese miedo en una especie que no ha tenido reparos en internarse en los peores infiernos sobre la tierra: siempre más allá.

Deberíamos dejar de dar por sentado que todo es inamovible y perpetuo, cuando nunca ha sido así. Se nos abre en el horizonte un abanico de posibilidades históricas inimaginables hace apenas un par de décadas, asistimos en primera persona a un cambio de era. ¿Cuántas generaciones pueden decir eso?

Es magnífico. 

El miedo que sientes debería ser esperanzador, porque ese miedo es precisamente lo que nos convierte en humanos. Ese miedo es la esperanza de un futuro mejor.

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