Ellos cavaron tu tumba

Ellos nunca dijeron nada. Fueron almas cándidas que han estado durante dos años al servicio del régimen liberticida que nos encerró en nuestra casa y cercenó cientos de vidas, de esperanzas e ilusiones. Quienes hipotecaron a varias generaciones para salvaguardar sus privilegios inalterables, sin importarles lo más mínimo a quien o a quienes se llevasen por delante. Esas voces hermanadas con la vergüenza comienzan  a avivar su desinterés con todo lo relacionado con la pandemia y lo que nos ha traído hasta aquí. Compinches del miedo mimetizado con la sociedad civil que ha vivido presa del terror y del terrorismo informativo. Por supuesto que se irán separando con lentitud pero sin detenerse en su alejamiento de cualquier tema que avergüence su estatus de sociedad muerta. Nosotros hemos alcanzado un punto en el que el perdón parece no tener cabida, no al menos ante los que por el más puro y básico interés monetario han enterrado en el caos muchísimas vidas que quizás no consigan volver a salir a la luz.

Infinidad de periodistas y personalidades que ahora aparecen con las mascarillas invisibles guardadas en el hueco donde debería llevar el corazón, después de 15 días sin su obligatoriedad en interiores (donde no ha sucedido absolutamente nada, cómo se sabía que pasaría) esas mismas personas que pregonaron el miedo y el caos, la campaña contra el sentido común, hoy empiezan a deslizarse por debajo de la puerta intentando hacernos creer que siempre han estado de nuestro lado. Pero no ha sido así. Nunca han estado de tu lado ni del mío, han estado del lado del poder y del miedo.

Bailan en casetas sevillanas de compadreo con la élite política que ha protegido sus privilegios mientras ha coartado tus libertades. Bailan sevillanas con amplias sonrisas, mientras miles de ancianos sienten terror ante la idea de tener que ir a comprar pan. Bailan a la vida, mientras miles de padres no salen del histerismo colectivo y siguen maltratando social y médicamente a sus hijos, ante el pasmo de gran parte de la sociedad. Esos que bailan con jolgorio y algarabía, son los mismos que llevan aterrorizando a sabiendas más de 24 meses, sin el más mínimo pudor. Sin el más mínimo de ética o empatía. Pero nosotros tenemos que pasar página, porque es lo que dicta la sociedad civilizada. Pasar página a los desmanes y abusos a los que esos indigentes mentales han pregonado y patrocinado desde sus periódicos, televisiones y micrófonos. Porque, mientras ellos bailan olvidando todo lo que han hecho, tu abuelo tuvo que morir solo en una habitación de hospital vacía y triste. Y esos que bailan, son los mismos que te han querido encerrado día y noche, para consumir sus miedos y hacer que te los metas en vena como droga dura.

Bailan sobre las tumbas que ellos han cavado.

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