El reto de no rendirse

Hoy no toca política, ni efervescencia ideológica llena de comentarios socarrones y políticamente incorrectos. Hoy no toca hacer del mundo un embudo, ni disparar a diestro y siniestro a todo lo que se mueve. Hoy no toca convertir el blog en un colador, donde intente cribar ciertas cosas para convertirlas en otras que se ajusten más a lo que yo concibo como ‘mi’ realidad. Hoy no toca un enfado monumental por vivir en un mundo chichinabesco, y repleto de jetas que condicionan nuestra vida haciéndola más amarga.  

Hoy toca hablar de mí, de lo que soy, de lo que quiero ser, y de lo que significa la imagen del encabezado. 

Si me conoces, o llevas tiempo leyéndome, sabrás que soy escritor. Bueno, ‘escritor’, yo me etiqueto como tal, quizás un escritor que realmente vive de lo que escribe, difiera un poquito de dicha opinión. Pero más allá de lo que pueda mostrar aquí en el blog, sabrás que intento desde hace mucho tiempo, ser algo más que un simple reducto de fantasía y ficción que plasma ideas en una hoja en blanco. En realidad, intento escribir, lo intento y no siempre lo consigo, pero lo intento porque de intentos vive el hombre, y de fracasos se alimenta. Lo hago de una forma u otra, no siempre acertadas no me cabe duda, pero lo hago porque si no lo hiciese tendría que reducir mi vida a lo que es ahora, y me niego en redondo. Me niego porque no puedo concebir que mi paso por el mundo se resuma en esto que soy ahora mismo, a lo que parece que estoy condenado a ser. 

5 malditos años, tras muchos más fracasando.  

Me tomé un descanso de la escritura de casi 5 años, un descanso derivado de haber fracasado estrepitosamente y ver cómo se cerraba una puerta tras otra, sin luz que atisbase esperanza. Parecía una comedia de situación donde yo corría tras el conejo blanco, y éste siempre conseguía huir por una puerta con la que yo me daba de bruces. Me hundió en un pozo sin fondo, después de tantos años y horas dedicadas, nada había valido la pena. La depresión fue salvaje e inmisericorde, cruel, y decidió alimentarse de una situación personal de mierda. Creció y creció ocupando el lugar donde supuestamente había un corazón que seguía latiendo, o al menos eso pensaba yo, porque respiraba. Perdí mucho más de lo que pudiese imaginar, me perdí a mi mismo por ese camino de piedras afiladas, y caí por un acantilado sin fin. Creo que 5 años han sido suficientes para darme cuenta de que nadie va a venir a rescatarme de un trabajo de mierda donde no quiero estar, y a donde no quiero volver. Debo hacerlo yo mismo. Y solo yo podré encontrar la salida, porque, al fin y al cabo, no existen los Reyes Magos, y la magia depende de uno mismo. 

Así que, manos a la obra, ¿no? 

Desde que di esa vuelta de tuerca y tomé la decisión de volver a imbuirme de lleno en la escritura hará poco más de cuatro meses, he participado en bastantes concursos de relatos, y he escrito más de lo que venía escribiendo en los últimos 5/6 años, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta de dónde partía. No sé si me reporte algo más allá de la gratificación personal de haber puesto el punto y final a muchas historias, después de vivir atascado en los ‘tres puntos’ tantísimo tiempo. Honestamente a estas alturas del partido no busco ningún tipo de premio, más allá de la satisfacción de volver a escribir. Por supuesto que una victoria siempre será bien recibida, ¿a quién no le gusta ganar?, pero compito contra infinidad de personas que escriben mucho mejor que yo, y no han guardado sus sueños en un baúl que arrojaron al mar pensando que no los volverían a necesitar. Sumergirme de nuevo en el terrorífico océano para rescatarme, es algo que me llevará más tiempo del que pensaba. Pero ahora que me he tirado al agua, no puedo volver atrás. Por lo que decidí participar pensando tan solo en escribir, escribir, y escribir más.  

El resto ya vendrá. 

Llegados a este punto, intenté volver a meterme de lleno a editar alguno de los borradores de las novelas que tengo escritas, pero hacer eso cuando llevas tantísimo tiempo parado, es una inconsciencia, un suicidio. Para lo único que sirve, es para minar tu moral, y verte en el espejo como un auténtico zote que tiene menos talento que un escurreplatos. Y el mayor problema de esto, es que corres el riesgo de volver a meterte de lleno en un bucle depresivo bastante jodido, máxime si ya te sientes un completo inútil en tu vida, y nada de lo que te rodea parece llenarte. Al revés, sientes que cada día desapareces un poco más entre las brumas de la rutina, y te has atascado en un pozo donde la desidia ya te cubre hasta el pecho. ¿Esto es todo lo que puedes aportar al mundo?, entonces quizás no tienes tanto talento, simplemente el deseo de escapar del olvido al que te ha condenado la vida. Tan solo tienes ínfulas de grandeza. Es el horror, porque encima esa voz va tomando fuerza sobre ti, y puedes arrastrar a quien más quieres contigo.  

Ojito, porque caes sin darte cuenta y cuando despiertas, puede ser tarde. 

Así que tuve que replantearme la situación., y se me encendió la bombilla… llega noviembre, ¿y qué sucede en noviembre? Exacto, el NaNoWriMo. ¿Y qué es eso? El NaNoWriMo es un reto literario que nació en San Francisco en el año 1999, en el cual cada participante debe intentar escribir una novela de, por lo menos, 50.000 palabras durante el mes de noviembre. De ahí el nombre: National Novel Writing Month, aunque de ‘nacional’ ya tiene poco, porque se ha convertido en algo global. El proyecto en sí mismo no genera nada material al escritor, salvo la distante posibilidad de que la novela pueda ser publicada algún día. Por lo tanto, si decides participar, aceptas un reto ciertamente complicado, pero que pone a prueba la constancia a la hora de escribir y te ayuda a recuperar el hábito que, por lo que fuere, has perdido. 

No tenía la menor idea sobre el tema que iba a escribir, pero el 1 de noviembre me puse a ello y las palabras fluyeron solas en ese primer capítulo. Las teclas tenían vida propia, y la hoja se iba llenando de frases, personajes, y un argumento relativamente aceptable ante mis ojos, siendo yo el primer sorprendido, qué coño, ¿verdad? Hay ocasiones en las que la vida te sorprende sin tener que ponerte ciego de nada. Ha habido días en los que, por motivos personales, no pude escribir, y me daba la impresión de que no podría llegar al plazo ni de coña, porque los días pasaban y las palabras pendientes se acumulaban, pero cuando me volvía a sentar delante del ordenador, las palabras fluían solas. Finalmente he llegado al 30 de noviembre y el reto ha sido superado. He escrito más de 50.000 palabras de una novela desestructurada, que tengo que ponerme a releer y ver si algo de todo lo que hice tiene salvación, pero en realidad no me importa. No me importa porque es la tercera vez que participo en el NaNoWriMo, y lo he acabado. La primera saqué una novela, uno de esos borradores sin corregir, en la segunda me rendí, fue el año que exploté y dije basta. La tercera ha sido esta, y he llegado hasta el final cuando ni yo tenía fe en conseguirlo. 

Como dije, aceptar el reto y cumplirlo no reporta nada, salvo satisfacción personal, lo que en mi caso viniendo de dónde vengo, es muchísimo. No tengo la menor idea de dónde me llevará esto, si en cinco años estaré viviendo de lo que escribo, o seguiré atascado en la vida del currito como ahora. La verdad es que no lo sé, ni quiero saberlo, pero si finalmente es lo segundo, espero no haber cesado en el empeño de conseguir lo primero. 

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