El Cuento de la Criada y la obligación de abortar confinados

Cuanta preocupación aflora por España debido a la decisión del Supremo de los Estados Unidos referente al aborto, el no darle un paraguas constitucional y todo eso, estos últimos días. Han inundado las redes sociales de multitud de mensajes alarmados por la deriva que están tomando los Estados Unidos, llenando todo de imágenes súper potentes directas a la conciencia de sus seguidores. Intentan despertar el dolor y el sentimiento más primario del raciocinio del españolito, con una cacareada libertad mal entendida. Y no voy a entrar a hablar del aborto, porque me sigue pareciendo un tema muy complejo y complicado de abordar, y menos aún desde la perspectiva ideológica que lo ha emponzoñado absolutamente todo en nuestra puñetera vida.

De lo que si voy a hablar es de nuestros consternados compatriotas. Tan preocupados ellos por lo que sucede al otro lado del charco, mientras han guardado un silencio sepulcral estos últimos dos años largos en los cuales el gobierno español pisoteaba la legalidad una y otra vez, hasta dejar su cara completamente desfigurada. Pero ahora tenemos que soportar su moralismo de pacotilla, intentando hacernos entender a nosotros, mentes limitadas incapaces de maniobrar más allá de la caja o el ladrillo, que ya están ellos aquí para iluminarnos con su consabida inteligencia. Han nacido superiores, son seres humanos mejorados que viajaban en la Botany Bay esperando en animación suspendida el momento preciso durante el cual volver a la Tierra y alumbrar el camino a una nueva generación de paganos neandertales que a duras penas sabían hacer puntas de flecha.

Qué sería de nosotros sin sus sabias cabezas, sin sus atemporales palabras y discursos.

Mandatos de mascarillas salvajes, pasaportes vacunales, limitación de la movilidad, impedir a la gente trabajar, reunirse y viajar. Cercenar las libertades con disculpas peregrinas y estadísticas tanto sospechosas, o meramente mediante mentiras que con el tiempo se han ido destapando. Y todos sostenido mediante la ilegalidad mayor del Estado de Alarma, declarado inconstitucional en tantas ocasiones, que vamos a acabar sumando puntos para un juego de sartenes. Aplicaciones que invadían nuestra privacidad y han sido enterradas por la justicia. La STASI de pasillo, policía de balcón con patrocinio estatal y policial. A fin de cuentas, ilegalidades y atropellos durante dos años que parecieron no preocupar a esos que hoy se escandalizan por algo que sucede en un país al otro lado del atlántico, mientras callaron como putas con lo que sucedía en España, frente a su casa. En su casa. Cómplices del caos, colaboradores necesarios para sostener el abuso estatal, y todo porque lo hizo un gobierno de su cuerda ideológica. Porque todo se trata de eso ‘quién y no qué’. Personas que defendieron el abuso constante, que defendieron la marginación de aquellos adultos que decidieron no vacunarse, que ampararon la segregación de una parte considerable de la sociedad por el mero hecho de tener miedo, de manifestar una ignorancia aplastante, de ser unos indigentes morales. Esos son los mismos que hoy se indignan porque el Tribunal Supremo de los Estados Unidos decida una cosa u otra. Los que no solo miraron hacia otro lado, sino los que ejercieron de brazo armado (y ejercen aun en muchos casos) de la parca estatal.

De la mano de esos colaboradores necesarios, tenemos también a gran parte de la casta política y autonómica que durante los dos últimos años han promovido cada medida ilegal, cada confinamiento, cada abuso, cada atropello, cada distopía social de este engendro de sociedad en la que nos han hecho malvivir, tuiteando soplapolleces de mundos dictatoriales. Y por supuesto, siempre usando la misma serie de televisión (El Cuento de la Criada), porque su capacidad intelectual es tan sumamente limitada, que son incapaces de relacionar una distopía verídica con un mundo irreal más allá de una mente inquieta.

Pero voy a ser buena persona y les daré unos ejemplos un poco más próximos y veraces de donde estamos y a donde nos dirigimos, que El Cuento de la Criada. Porque soy así, buen tío en general.

Promueven el no tener nada y ser feliz, pero sus cabezas no les permiten relacionar esa distopía que promocionan con Un Mundo Feliz, de Huxley.

Promueven la prohibición de libros incómodos, pero son incapaces de relacionar sus diarreas mentales con Fahrenheit 451, de Bradbury.

Promueven la impersonalidad laboral y social, pero no unen los puntos de ello hasta llegar a Nosotros, de Zamiatin.

Promueven la alienación juvenil y la destrucción social, pero no atan cabos hasta poder darse cuenta de que emulan La Naranja Mecánica, de Burgess.

Promueven el totalitarismo estatal y gubernamental mediante la sinrazón y la mentira constante, pero no alcanzan a comprender que son un vulgar trasunto de 1984, de Orwell.

Promueven la segregación de clases creando la falsa idea de que podrás vivir como ellos, y se olvidan de que Los Juegos del Hambre de Collins, es bastante reciente.

Promueven la obediencia ciega y el sometimiento, y olvidan que Sumisión de Houellebecq apenas tiene siete años.

Entended, queridos políticos de cultura desbordante (Si, Barbón, va por ti), que la ciencia ficción y la ficción distópica está repleta de títulos de mayor enjundia y calidad que El Cuento de la Criada, aunque seáis incapaces de entender que existe un mundo más allá de una serie de televisión, al menos mostrad interés de ir un poco más allá. El mundo va más allá de lo que tenéis frente a vuestro pensamiento opaco de mirada obtusa y limitada.

Respecto a lo que a mí se refiere, entended que lo que decida Estados Unidos me importe más bien poco, cuando tengo al gobierno de mi país saltándose la Constitución (no una sola vez) con alegría e impunidad y cercenando cada derecho civil y personal. Ignorando sentencias judiciales y no aceptando consecuencias, revolcándose con algarabía en sus actos y defendiendo los abusos con una sonrisa en el rostro. Entended que, entre toda esa pila de mierda, me importe entre cero y nada lo que suceda con el tema aborto en un país en el que no vivo. Porque, en el que vivimos, a mí y a ti si nos han robado la libertad.

Por lo tanto, llego al punto de decir, a voz en grito, que de toda esta gente con la brújula moral tan sumamente jodida y repleta de porquería ideologizada, no aceptéis el más mínimo reproche. No aceptéis de ellos la menor reprobación, respecto a cualquier cosa que surja o se les pueda ocurrir. Nunca.

Imagen cortesía de Pexels.

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