Dios bendiga la democracia

Hay que defender la democracia porque la democracia es lo único que nos salvaguarda del salvajismo, de Cartago acechando Roma. Vienen los elefantes cruzando los Alpes y tiembla el suelo de la civilización a los pies de la irremediable destrucción.

Votando cada cuatro años tienes la capacidad directa de decidir sobre todo lo que conviene a tu vida, a tu país, y sin duda, tus derechos sociales y laborales. La verdad es que visto así, la democracia libera es un chollo como pocos. Por un papel en una urna, tienes una cantidad de beneficios abismal. Pero tampoco nos engañemos. No hay nada de libre en la elección de unos candidatos elegidos en circuito cerrado que ya tienen sus políticas aprobadas de antemano ante agentes externos con intereses opacos que poco o nada tienen que ver contigo, ni muchísimo menos van a mejorar tu futuro.

Equiparar democracia liberal a libertad es de necios.

En esto se sustentaron los estados modernos, abanderados por los “prósperos” Estados Unidos, a los que todos hemos hecho seguidilla: atraer una cantidad ingente de mano de obra barata que le diese poder el lobby político en forma de votos, permitiendo una masa de trabajadores infrapagados que levantasen los imperios económicos de los caciques del sistema.

La democracia liberal se imponía a otros sistemas debido a una guerra de desgaste que podía alargar en el tiempo gracias a tener absolutamente todos los indicadores económicos a favor. Pero hoy ya no tiene esa ventaja.

La idea misma de ‘democracia’ hace tiempo que se asocia a un supuesto halo de virtuosismo y superioridad moral por parte de una fracción de la ciudadanía que se percibe a sí misma como superior al resto. Generalmente, suelen ser miembros de las Grandes Familias que dirigen el país, siempre diligentes a decirte cómo debes vivir, y que es lo que más te conviene.

Ante la imposibilidad del sistema de proporcionar prosperidad, ya solo queda relato.

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