Abraza al negro y al Instagram

África nos vale para todo, a los primermundistas por lo menos. Es el típico continente que lo mismo te sirve de defensa acérrima de lo que no hacer para dirigir un país, como un movimiento generador de likes en redes sociales, mediante la pena y el postureo más absurdo y vomitivo que puedes echarte a la cara. Esto último ha vuelto a ponerse de moda, al menos entre nuestras élites intelectuales y periodísticas. Y es que ir a abrazar a un niño negro y publicarlo en Instagram es algo que, bien o mal, genera siempre de qué hablar. Ya sabéis que eso, más una frase de Mr Wonderful, es automáticamente el típico filtro para captar subnormales de primerísimo nivel.  

Lo abrazamos en África, pero nos cambiamos de acera en España, porque ‘mira ese negro que mal rollo da’. 

Por supuestísimo que esa gente te vendrá a reprochar que ellos al menos ‘hacen algo’, mientras tú, mindundi que se ríe de sus gestos humanos y socialmente admirables, no haces nada. Y no mira, yo con tener que llegar a final de mes haciendo malabares con un sueldo miserable, tengo suficiente. No puedo permitirme ir a zoos humanos cinco veces al año. Aunque tengo cierta catadura moral para saber diferenciar el ayudar a otra persona, de aprovecharme en beneficio propio del sufrimiento ajeno. Es lo que me da tener una capacidad mental que me permite, al menos, respirar y no ahogarme. 

Si os soy sincero yo era de los que pensaba que esta moda había acabado hace tiempo, varios años atrás en realidad. No en vano hace 15 años la gente lo aplaudía y hace 5 años o un poco más, creo que ya nos empezó a dar grima a todos en general. En la actualidad no es más que una paletada típica de influencers rezagados que intentan, mediante un acto de bondad farisea, generar unos cuantos ‘me gusta’ para promocionar alguna agencia turística, producto elitista o cualquier oenegé que esté sedienta de mamar de la teta pública, pero aún no tenga los suficientes pobres en su cuenta. Porque el influencer medio, no es más que el farolillo rojo del postureo humanístico. Como esos que vestían hombreras bien entrados los 90, ¿os acordáis? Pero pocas cosas más obscenas que usar un niño para mejorar tu imagen. Eso sí, después de tocarlos me imagino que se lavan bien las manos. No vaya a ser. África es su zoo particular. Van, les alimentan con unos cacahuetes, unas fotos aquí y allá, y ya tenemos de qué hablar en el club de campo la próxima semana mientras nos tomamos unos martinis. 

Me imagino el plan de toda esta gente cuando cierra el viaje. Hotel 6 estrellas con piscinuqui y vallado electrificado, unas botellas de Möet y por la tarde nos vamos a ver a pobres con globos por barriga y de noche a cenar al restaurante y entre jiji jaja, mira el camarero que pinta más maja tiene y qué feliz es con su medio euro por jornada laboral. No le hables que igual se asusta. Ay hija ósea, los bichos asquerosos. El Kimpembe de 9 años majísimo, se conformó con jugar con la botella vacía de champán, son felices con tan poco. Recorre 12 kilómetros diarios para poder beber un agua de color marrón que ay que arcadas da. No sé por qué no pide una botella en el hotel. Ay hija, y no llevan mascarillas. No saben que estamos en pandemia. 

Luego suben las fotos a Instagram con mensajes del tipo: te regalan todo lo que tienen (no tienen una mierda, pero te regalan una sonrisa, aunque seguramente estén pensando que eres un auténtico gilipollas) y son felices con tan poco. Enlazamos frases de mierda mientras los que tenemos un mínimo de decencia sentimos como la sangre nos hierve por dentro. Y tener que aguantar al típico listo con lo mínimo para no cagarse encima, que te dirá ‘al menos hacen algo yendo y publicándolo’, ¿qué hacen exactamente, puedes argumentarlo? ¿Visibilizan el qué? Levanta al niño para la foto durante 15 segundos y que le de el viento en la cara para que no tenga calor, eso hacen. Punto. Te venden la desazón inmoral como un juego de niños en el que vas a visitar aldeas donde no tienen ni para comer tres veces por semana, como un gesto humanitario porque lo suben a sus redes sociales para intentar ganar un poco de compasión y que la siguiente crema de L’Oréal se venda mejor. 

Foto con el negro para rascar unos likes y vuelta al hotel a inflarte a caipiriñas. Así, sácame la foto como que me preocupo mucho por él y ‘enamorada de la cultura masai’.  

Un aplauso. 

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